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Perlas cultivadas

Perlas cultivadas

18 Abr Perlas cultivadas

Hoy en día se estima que cerca del 98% de la producción de joyas confeccionadas con perlas se lleva a cabo con perlas cultivadas. Las que emplean perlas naturales son una excepción rara y tremendamente costosa.

La granja perlífera, ya sea de agua dulce o salada, es el entorno privilegiado de la producción de perlas cultivadas.

Las granjas de río de la actualidad, que se suelen hallar en lagos, pueden llegar a igualar e incluso superar la calidad de las perlas que se cultivan en granjas ubicadas en mar abierto.

Esto se debe a que permiten controlar de forma más eficiente las diferentes y complejas variables que afectan al cultivo de perlas.

El origen de las perlas cultivadas

Hay evidencias documentadas que nos muestran que desde el siglo XIII chinos y árabes aplicaban técnicas de manipulación en bivalvos para obtener figuras planas nacaradas.

Los chinos introducían pequeñas figuritas de Buda que eran recubiertas con nácar

Aunque hay que esperar hasta finales del siglo XIX cuando el japonés Kokichi Mikimoto, tras un estudio de la recolección y creación biológica de las perlas naturales, desarrolló y perfeccionó el modo de cultivar perlas artificiales.

En 1896, Mikimoto consigue la primera patente para producir perlas cultivadas, que es la primera de la historia basada en objetos biológicos.

Entonces profirió una frase que pasaría a la historia como una profecía que acabaría por cumplirse: “adornaré el cuello de todas las mujeres del mundo con un collar de perlas“.

Kokichi llegó a la conclusión de que cuando un cuerpo extraño penetraba en una ostra, ésta lo recubría concentricamente con una sustancia orgánica que al cabo de algunos años se acabaría convirtiendo en una perla.

Esta sustancia cristalina es el nácar o la madre perla y su función es ser un mecanismo de autodefensa cuando la ostra es incapaz de expulsar el cuerpo extraño que se ha introducido en su interior.

Mikimoto en 1888 instaló el primer parque de moluscos perlíferos, donde desarrollaría durante los próximos 15 años el proceso de obtención de perlas auténticas cultivadas de forma artificial.

El paciente método de obtención de las perlas Mikimoto, que sólo emplea el 5% de las perlas que producen, ha convertido a estas perlas en las de mayor calidad del mercado de perlas cultivadas.

Es legendario el tesón y la entrega de este visionario japonés revolucionaría para siempre el mercado mundial de las perlas.

El presente  de las perlas cultivadas

Desde el prototipo de producción desarrollado por Mikimoto, las granjas perlíferas se convierten la principal “fábrica” de creación de perlas auténticas.

No debemos pensar en la generación de perlas cultivadas como un proceso mecánico, industrial, como una estructurada cadena de montaje, sino que tiene algo más de artesanal: aplica técnicas manuales que no van a ver sus frutos hasta varios años después.

Un largo transcurrir de tiempo sujeto a multitud de contingencias que hacen muy inciertos los resultados de la cosecha.

Aún con todo, la producción de perlas cultivadas también es susceptible de innovaciones para sacar el máximo rendimiento de su producción.

Sin embargo, en las granjas perlíferas no son hábitats del todo controlados, también dependen enormemente de las influencias del exterior.

A pesar de los enormes esfuerzos que los granjeros perlíferos desarrollan por controlar el proceso de crecimiento de las perlas cultivadas, no pueden garantizar que vaya a alcanzar el éxito.

Hay muchos factores medioambientales como las mareas rojas, la temperatura y la calidad del agua o el azote de las catástrofes naturales, que influyen en las granjas perlíferas y en las ostras que producen sin que el granjero pueda hacer mucho más.

Hay que esperar hasta el final del proceso cuando se acaba de cosechar la ostra, y se limpia y clasifica, es el momento de establecer si todo el tiempo y el trabajo empleados han merecido la pena.

El resultado final del proceso exitoso son brillantes perlas aterciopeladas con grandes diferencias de consideración debido a su forma, tipo y color.

La perla cultivada es la culminación del sueño de Mikimoto, la perla por derecho propio en la actualidad.

Cerramos con los encendidos elogios con los que, en 1927, Thomas Edison, recibió a Mikimoto después de examinar sus perlas: “Biológicamente, era imposible. Y sin embargo, usted ha sido capaz de realizar esta maravilla“.